Desde Theodore Roosevelt a George Bush100 años de imperialismo norteamericano (I)
Por: Pedro
Rodríguez Rojas | Martes, 09/12/2008 06:58 PM |
El accionar
del imperialismo en Venezuela, América y el tercer mundo comienza desde
el siglo XV cuando fuimos colonizados por los europeos y pasamos a formar parte
de la periferia del capitalismo mundial como suministradores de
materia prima. A pesar de los procesos de independencia no hay la
menor duda de que continuamos en la órbita de dependencia y de neocoloniales
con respecto a los principales centros hegemónicos del capitalismo en el siglo
XIX, en lo económico con respecto a Inglaterra y en segundo plano con Alemania
y en lo político y cultural con respecto a España y en mayor grado con respecto
a Francia. Desde los primeros bancos e industrias, pasando por líneas férreas y
navieras, empresas de servicio y de comercio eran capitales fundamentalmente
ingleses y alemanes. Igualmente los políticos e intelectuales que hicieron
posible las nuevas repúblicas lo hicieron trasladando las principales
constituciones, formas de gobiernos y universidades provenientes de la Europa
Occidental. Pero desde finales del siglo XIX surge el Imperio Norteamericano
con su expansión sobre el territorio cubano y puertorriqueño a partir de
la guerra con España de 1898. Ya antes, desde apenas la cuarta década del siglo
pasado Estado Unidos se había apropiado de buena parte del territorio mexicano.
El término que
mejor define la política exterior norteamericana es la agresión, desde su
nacimiento como país soberano (1776) ha demostrado una profunda vocación
expansionista, evidenciada durante los gobiernos de Tomás Jefferson, pero que
tendría una mayor definición en la presidencia de James Monroe con su famosa
doctrina “América para los Americanos”, o lo que es mejor decir “América para
los norteamericanos”. Si bien el siglo XIX es tiempo de consolidación de la
economía norteamericana y de su política interna (guerra de secesión, 1861 –
65), esto no los aisló de su ideal expansionista, que ya se había manifestado
sobre Luisiana y la Florida, pero que se profundiza con la anexión de los hasta
entonces estados mexicanos de Texas y California (ricos en minerales como el
petróleo).
Fue nuestro
Simón Bolívar quien con mayor visión se percató de esta agresiva política
exterior norteamericana, puesta de manifiesto fundamentalmente en los
preparativos del Congreso de Panamá en 1826, con la idea de consolidar la
integración de los países recién liberados del dominio español sin involucrar a
los EEUU en dicho Congreso. El boicot norteamericano estuvo claramente presente
en la derrota de este plan integracionista latinoamericano. En 1829 es aún más
clara la percepción de Bolívar sobre el país del norte cuando señalo: “Los
Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar a la América de
hambre y miseria en nombre de la libertad” Precisamente la mayor desviación de
este proyecto fue la constitución del Panamericanismo en 1890.
Las mayores
muestras de agresiones continuas y de carácter brutal por parte del gobierno
norteamericano se producen desde 1898 con la guerra contra España, cuando
los Estados Unidos se posesionan de los codiciados territorio Cuba, Puerto
Rico, Filipinas y Wuam comenzando así su expansión extracontinental,
sobre todo su interés en la “apertura” comercial Asiática. Luego vendría la
política del “Gran Garrote” de Teodoro Roosvelt (1901 – 1909) y la historia de
las invasiones en Cuba, Panamá, Honduras, Haití, Nicaragua, Santo Domingo,
separación de Panamá de Colombia, agresiones que solo fueron disminuidas
con el crac económico de los años 30. Al tiempo que se producían intervenciones
militares, los Estados Unidos habían consolidado su poder económico sobre la
zona: el poder del dólar. En aquellos países donde no intervino
militarmente (como Venezuela); brindó “apoyo” a los gobiernos que representaban
seguridad para sus inversiones.
Tanto la
crisis económica de los años 30 como el enfrentamiento al nazifacismo (1933 –
45) hicieron replegar la política intervencionista norteamericana, pero el
comienzo de la Guerra Fría permitió a los Estados Unidos consolidar su
presencia en regiones hasta entonces inaccesibles, como las zonas petroleras
del Medio Oriente. El dominio económico de los Estados Unidos se expande por
todo el mundo, sus capitales y compañías levantan a Europa y Asia destruidas
por la guerra y penetran en los países subdesarrollados, ya no sólo en los de
América Latina. Pero la expansión económica y política norteamericana se vio
frenada por el auge del socialismo que dominaba ya no solo en Europa del Este,
sino también en la China, Yugoslavia y fue expandiendo su órbita sobre
pequeñas naciones que habían sido víctimas de los grandes imperios
occidentales.
Al tiempo que
los Estados Unidos expandían sus políticas a través de la utilización de
organismos internacionales aparentemente neutrales (FMI, BM, OEA, TIAR, OTAN,
ONU) que han representado históricamente sus intereses, se inició una política
internacional de favorecer a los “gobiernos fuertes” de marcada tendencia
anticomunista, manifiesta en el auge de los gobiernos dictatoriales no sólo en
América Latina (1948 – 57) sino en el resto del tercer mundo: Invade Guatemala
en 1954 y 1965, presiona contra la revolución Boliviana de 1952, así como se
involucra en la caída de Perón en Argentina y Vargas en Brasil, de Medina y
luego Rómulo Gallegos en Venezuela, interviene en los conflictos de Corea y de
Vietnam donde es, por primera vez en su historia, aplastantemente derrotado.
En el Medio
Oriente, hasta 1951, en el único país donde los EEUU no tenían participación
era Irán, controlado cien por ciento por los ingleses. Después de la Segunda
Guerra Mundial, además del debilitamiento inglés, existen otros factores por lo
cual el Medio Oriente se convierte en determinante en la política exterior
norteamericana; primero, en su política de defensa ante la amenaza de expansión
del comunismo, para lo cual se lanza la “Doctrina Truman”, segundo, por la
situación de dependencia en la que se coloca EEUU a partir del año en que se
convierte en principal importador de petróleo, situación que aumenta el peso de
los EEUU, la población de origen judío fue lo que justificó su decidido apoyo a
la creación y mantenimiento del Estado de Israel. En pro de estos intereses los
EEUU llegaron hasta intervenir militarmente cuando consideraron algún peligro:
Así dieron su aprobación al desplazamiento violento de los palestinos de sus
territorios, en 1949 intervienen directamente en un golpe de Estado contra
Siria y junto a Inglaterra contra el Líbano y Jordania, en 1958, motivados por
el miedo a las repercusiones en esos países de la revolución iraquí. Pero su
acción militar más importante fue el derrumbamiento de Mossadeh en Irán en
1954, donde la participación de la CIA fue decisiva. En 1955, en el contexto de
la guerra fría, Inglaterra y EEUU establecen el acuerdo de Bagdad, acuerdo
militar de la región para la “mutua defensa” ante posibles agresiones, era una
extensión más de la OTAN, como lo fue el TIAR en América Latina para enfrentar
el comunismo y a los movimientos nacionalistas.
Regresando a
Latinoamérica, desde 1959 con la revolución cubana surge lo que desde entonces
ha sido el obstáculo más grande en la política exterior norteamericana en sus
relaciones con la región. El comunismo en su propio continente, en un
territorio que al igual que Puerto Rico habían considerado de su dominio
natural. Además, junto a la revolución cubana se había producido el auge de los
movimientos insubordinados en muchos países de América Latina. Todo esto se
producía, además, en el comienzo de una profunda recesión de las economías
hegemónicas capitalistas aunado a la crisis energética de los 70, que a su vez
generó una profundización de los movimientos nacionalistas y tercermundistas a
escala mundial a los que tuvo que enfrentar la “diplomacia” norteamericana.
Esta política norteamericana contribuyó, en buena parte, al retorno de las dictaduras
cuya agresividad más palpable ocurrió en Chile con la caída del gobierno
socialista de Allende. 1979 es un año realmente terrible para la política
exterior norteamericana, cuando se producen revoluciones socialistas en Granada
y Nicaragua, así como la revolución islámica y la caída del Sha en Irán, país
que había sido uno de los principales aliados norteamericano en el Medio
Oriente.
Al contrario de lo que muchos ingenuamente pensaban, las guerras y cualquier
manifestación de violencia no han sido socavadas después del fin de la
guerra fría. Por el contrario hay quienes opinan que existía mayor
grado de “estabilidad política” cuando prevalecían los dos grandes bloques del
occidente capitalista Vs. el oriente comunista. Hoy hasta quienes celebraron
la caída de la Unión Soviética y el auge del proceso globalizador están
reflexionando sobre las consecuencias de estos sucesos y sus repercusiones en
el mundo actual. Los cambios ocurridos con el derrumbamiento soviético; el fin
de la Guerra Fría posibilitó el surgimiento de los Estados Unidos como máxima
potencia mundial. Ante el debilitamiento soviético los Estados Unidos
intervienen militarmente y derrumban el gobierno socialista de Granada (1987) y
luego el derrocamiento del presidente de Panamá Manuel Noriega en 1989, que
estaba claramente influido por la resistencia – aun latente- de entregar el
canal en 1999 y luego su participación fue evidente en el desplazamiento
de los Sandinistas de Nicaragua. Como habíamos señalado en la primera parte, la
última intervención militar en América se había producido contra Guatemala en
1965, luego vendría el fracaso aplastante de Vietnam. En estos años la política
exterior norteamericana se hiso muy pragmática, salvo en el caso cubano, los
intereses políticos pasaron a un segundo plano, a pesar de la permanencia del
comunismo en China se silenciaron los ataques contra este país y por el
contrario se profundizó las relaciones económicas. En el caso de Rusia no hay
la menor duda que la reelección de Yelsin, frente a la amenaza que
representaban los comunistas y los ultra nacionalistas, tuvo en el apoyo
norteamericano un importante aval. Los Estados Unidos ahora jerarquizan sus
intervenciones en aquellas regiones o naciones que representan un significativo
interés.
La primera
invasión sobre Iraq (1991) se encierra en el contexto que hemos señalado, las
agresiones norteamericanas hacia esa nación hubieran sido imposibles con la
existencia de la URSS, también sería ingenuo pensar que las mismas tuvieron
como causa la defensa de la democracia y la soberanía de Kuwait – que nunca las
ha tenido- o la defensa de las minorías étnicas, como los kurdos, cuyo
problema, por cierto, fue creado por los propios países occidentales y que hoy
no solamente atañen a Irak. Tan ingenuo es convertir a Hussein en un
Satán como hacerlo un héroe, eso no es lo que nos debe interesar, pero lo
cierto es que es una lucha en extremo desigual que solo pretendía garantizar el
control norteamericano sobre el 70% de las reservas petroleras del mundo
ubicadas en el Medio Oriente. Los gobiernos de Kuwait y Arabia Saudita e Israel
le son ya incondicionales a EEUU pero no así el resto de la región.
La Paz
Americana que se quiso imponer en la región, ha sido debilitada
fundamentalmente por el antiarabismo de Israel, pero más aún por la
profundización de los movimientos nacionalistas y concretamente del
fundamentalismo islámico, que amenazan con convertirse en el obstáculo mayor de
tan añorada globalización. Las agresiones a Irak, el intento de bloquear a Irán
y Libia (Ley de Amato), no son solo medidas coyunturales con intereses
electorales, esto va mucho más allá, los Estados Unidos se han percatado del
inminente peligro que representa la inestabilidad de esta zona para su futuro.
La adversidad de esta región hacia occidente está siendo alimentada tanto por
la intolerancia de Israel como la de los EEUU.
En el contexto
de una supuesta globalización es la imposición y la intolerancia lo que
predomina, para ello los EEUU utilizan a los organismos internacionales,
aparentemente “neutrales”, para enmascarar sus propios intereses, como si
hubieran sido hechos bajo el consenso de todas las naciones del mundo y para el
bienestar general. Se imponen modelos de economías abiertas cuando ellos
aplican el proteccionismo, hablan de un mundo entre iguales y de democracias
liberales cuando rechazan al inmigrante del sur, intervienen directamente en
los problemas internos de otras naciones y apoyan gobiernos dictatoriales pero
con economías de mercado.
Así tenemos que
frente al tratado de libre comercio con México, su población es cada vez más
rechazada en territorio norteamericano. En Colombia, ante una aparente lucha
contra las drogas, ha intervenido directamente en la política interna de ese
país, cuando todos sabemos que la principal causa del crecimiento del comercio
de la droga está en el creciente consumo de los países desarrollados,
especialmente el norteamericano. Los EEUU no intervinieron directamente en la
desintegración y matanza de los pobladores de la exyugoslavia, cuya
desintegración le es más bien favorable, no lo hicieron frente al apartheid
sudafricano, en las matanzas en Ruanda, Somalia, tampoco ante las cruentas
dictaduras de Pinochet en Chile o la de Corea del Sur, las cuales por el
contrario se convirtieron en importantes socios económicos para EEUU.
En relación a
Cuba, los EEUU vienen cometiendo – a nuestro modo de ver- sus más grave error
(junto a los del Medio Oriente) no solo por la injusta profundización del
bloqueo con la Ley Helms – Burton, sino que es tanto la intolerancia demostrada
y la prepotencia al tratar de imponer una legislación a todo el mundo, que le
ha producido un bumerang político, al ser rechazado a nivel internacional y
producir por efectos indirectos un sentimiento de solidaridad hacia la nación
cubana, al tiempo que ha despertado sentimientos de aversión hacia el gobierno
norteamericano. Igualmente esta ocurriendo con las continuas agresiones hacia
Irak, que han producido todo tipo de reacción adversa.
En 1997, luego
de una profunda indiferencia en su primer periodo gubernamental el presidente
Clinton realizó una visita a Latinoamérica para tratar de reconquistar espacios
perdidos, no solamente en nuestro continente sino en todo el mundo la política
exterior norteamericana manifiesta preocupación por el avance geopolítico de
Europa (especialmente Francia) y la expansión económica de Asia. Concretamente
en Venezuela llego a bendecir la política económica de Caldera y Teodoro
Petkoff de “La Agenda Venezuela “y sobretodo la plena apertura
(mejor decir entrega) petrolera.
prodriguezrojas@hotmail.com
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