5.1. Sociedad y política: la
naturaleza social del ser humano
A diferencia de los sofistas,
para quienes la sociedad era el resultado de una convención o pacto entre los
individuos, para Platón la sociedad es el medio de vida "natural" del
ser humano. Si atendemos a las características de la vida humana, en efecto,
podremos observar que el ser humano no es autosuficiente, ni en cuanto a la
producción de bienes materiales necesarios para su supervivencia, ni en cuanto
a los aspectos morales y espirituales que hacen de la vida del ser humano algo
propiamente humano. Las tendencias que inclinan al ser humano al amor, a la
amistad, a la convivencia en general, son tendencias naturales, por lo que no
tendría sentido pensar que el medio, necesariamente social, en el que se
desarrollan, fuera algo no-natural. Esta teoría de la "sociabilidad
natural" del ser humano será mantenida posteriormente también por
Aristóteles.
La vida
social de los humanos
Por lo demás, forma parte de las
convicciones sociales, firmemente asentadas en la época, la idea de que la vida
del hombre se identifica, de alguna manera, con su vida social. El predominio
de la ciudad-estado como forma de organización de la vida social en Grecia
fortalecía el predominio de la vida comunal, hasta el punto de que difícilmente
se podría concebir la vida del hombre manteniéndose ajena al Estado; no
obstante, esa tendencia debía ser compatible con el individualismo que también
se manifiesta en la vida y en las tradiciones culturales griegas.
De ahí las similitudes que
establecerá Platón en la República entre la moral individual y la moral
colectiva, o entre el gobierno de los bienes individuales y el gobierno de los
bienes colectivos, que le permitirá comparar la naturaleza del hombre y la naturaleza
del Estado con el fin de avanzar en sus investigaciones. Además, hemos visto
que para Platón tenía que existir el Bien en sí (la Idea de Bien), por lo que
difícilmente la referencia del buen comportamiento del individuo puede ser
distinta de la del buen comportamiento del Estado. Tiene que existir un único
modelo de comportamiento moral. Y ese modelo ha de tener un carácter absoluto.
La teoría
política de Platón
Platón nos expone su teoría
política, - que será revisada en el Político y en Las Leyes -, en la República,
obra perteneciente a su período de madurez. La República es una obra que tiene
por objeto de discusión determinar en qué consiste la justicia. Consta de diez
libros que podemos agrupar en cinco partes, según los temas tratados: a) el libro
primero en el que se plantea el tema de qué es la justicia sería una especie de
prólogo, al que seguirían b) los libros II, III, y IV que tendrían por objeto
estudiar la justicia en la ciudad ideal, c) cuyas formas de organización, de
gobierno, características de sus clases sociales, etcétera, se establecerán en
los libros V , VI y VII; d) estudiando posteriormente los males que arrastran a
las ciudades hacia la ruina, la injusticia, en los libros VIII y IX; e)
terminando la obra con la condena de la poesía y de aquellas formas de arte que
nos muestran una mala imagen de las cosas, así como con una reflexión sobre el
destino final del alma. Por supuesto que, en el curso de las sucesivas
discusiones, serán tratados en la República otros temas de no menor importancia
en la obra de Platón, como ya hemos visto anteriormente (teoría de las Ideas,
antropología, teoría del conocimiento...)
El tema, - qué es la justicia -,
se plantea, pues, en el libro primero, ofreciéndose diversas soluciones, según
la opinión de los hombres buenos, la de los sofistas, etc., encargándose
Sócrates, como es habitual en los diálogos platónicos , de demostrar las
insuficiencias de las definiciones de justicia aportadas. Se plantea entonces
la necesidad de encontrar un método que permita llegar a esa definición de un
modo más preciso.
Sócrates recalca la necesidad de
que la virtud, en este caso la justicia, sea común al hombre y a la ciudad;
podríamos buscarla por lo tanto en uno y en otra; pero dada la mayor magnitud
de la ciudad deberá estar la justicia inscrita en ella con caracteres más
gruesos que en el individuo y, por lo tanto, más fáciles de encontrar.
Pero como no hay ninguna ciudad
conocida de la que realmente podamos decir que es justa, Sócrates propone la
creación de una ciudad ideal: siendo una sociedad perfecta no podrá carecer de
ninguna perfección y deberemos encontrar en ella la justicia.

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