La
revisión crítica de la Teoría de las Ideas
La revisión crítica de la Teoría de las Ideas
En los diálogos de vejez, especialmente en los llamados diálogos
críticos y, entre ellos, en el "Parménides", Platón revisa la teoría
de las Ideas, especialmente en lo referente a la relación de las Ideas con las
cosas y a las clases de Ideas, así como las relaciones que pueda haber entre
ellas. Por lo que respecta a la relación entre las Ideas y las cosas expone
Platón dos formas de relación: la
imitación y la participación. La semejanza mutua que existe entre los
objetos es el resultado de la imitación de un modelo que permanece él mismo
inmutable; pero tal afirmación plantea, dice Parménides, un problema que no
parece de menor importancia: si eso es así, entonces la semejanza que existe
entre los objetos de la misma clase y el modelo que imitan deberá tener a su
vez su razón explicativa en un tercer modelo al que imiten tanto la Idea como
las cosas; y este argumento se podría realizar indefinidamente, ya que siempre
necesitaríamos recurrir a un tercer modelo explicativo de las sucesivas
semejanzas que van apareciendo (es el argumento conocido como el del
"tercer hombre"). ¿Qué ocurre si en lugar de imitación hablamos de
participación? Los problemas no parecen desaparecer, sino multiplicarse:
¿Participan las cosas de toda la Idea o sólo de una parte de ella? En el primer
caso tendría que haber tantas Ideas como cosas, lo que contradice la no
multiplicidad de Ideas; en el segundo caso las cosas participarían sólo de una
parte de la Idea, lo que también contradice los principios de la
indivisibilidad de las Ideas. En el transcurso de la discusión Sócrates es
incapaz de solucionar los problemas que le plantea Parménides, pero se resiste
a abandonar la teoría de las Ideas. De hecho Platón no la abandonará nunca.
Otra cuestión que se discute es la de si existen Ideas de todas las cosas o
sólo de los objetos o realidades nobles; Sócrates vuelve a reconocer lo absurdo
que parece afirmar que existen Ideas de cosas innobles y abyectas, como el pelo
y cosas así, pero tampoco está dispuesto a renunciar a su teoría: parece que
tiene que haber Ideas de todas las cosas y que de alguna manera esos objetos
universales, las esencias, han de ser reales y han de existir.
La jerarquización de las Ideas
Las Ideas, por lo demás, están jerarquizadas. El primer rango le
corresponde a la Idea de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la
"República", aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en
el "Parménides"), la Belleza, (en el "Banquete"), o el Ser,
(en el "Sofista"), que representan el máximo grado de realidad,
siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los
objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y
finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también establecer una
cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó por
identificar las Ideas con los números, identificación de la que sí tenemos
constancia que realizaron los continuadores de la actividad platónica en la
Academia.
El origen de la Teoría de las Ideas
¿Cuál es la génesis de la teoría de las Ideas? Descartada la
hipótesis de que Platón la hubiera tomado tal cual de Sócrates, como hemos
visto anteriormente, podemos distinguir dos corrientes de influencia en la
elaboración de la teoría de las Ideas. Por una parte, las enseñanzas
socráticas, centradas en la búsqueda de la definición universal, habían
apuntado la necesidad de destacar el elemento común entre todos los objetos de
la misma clase. Ese objeto común o término del conocimiento, que en Sócrates no
dejaba de ser un término lingüístico, es convertido por Platón en algo
independiente del conocimiento y del lenguaje: de la afirmación de la necesaria
realidad de ese objeto común Platón concluye que debe existir
independientemente de la mente que lo concibe, y lo llama Idea. Por otra parte,
las investigaciones de los filósofos anteriores, tanto de las escuelas jónicas
como de las escuelas itálicas, habían puesto de manifiesto también la necesidad
de reconocer la unidad en la diversidad, a través de la búsqueda del arjé.
La preocupación socrática, limitada estrictamente a los objetos éticos, es
extendida por Platón a la investigación de los objetos naturales: del mismo
modo que debe existir una definición universal de "virtud", ha de
existir una definición universal de todos y cada uno de los componentes de la
realidad. Dado que Platón hace del término de esa definición universal una
Idea, una realidad subsistente, termina por postularla detrás de los objetos
éticos y de los objetos naturales.
La Teoría de las Ideas en el pensamiento de
Platón
En los primeros diálogos no hallamos nada que nos pueda sugerir
que Platón hubiera estado en posesión de la teoría de las Ideas. El discurso
socrático en estos diálogos está orientado hacia la búsqueda de una definición
de las virtudes, teniendo una intencionalidad fundamentalmente ética. En los
diálogos de transición sí encontramos algunos elementos que parecen orientar el
pensamiento de Platón hacia dicha teoría, como puede ser la formulación de la
teoría de la reminiscencia en el "Menón". Sí encontramos esa
formulación en los diálogos de madurez: "Fedón", "Fedro",
"República" y "Banquete", en los que, a raíz de distintos
temas, Platón presenta la teoría de las Ideas apoyándose en explicaciones figuradas
que vienen recogidas en los más conocidos mitos de Platón. En dicho período
podemos destacar una intención gnoseológica compatible con la intención
ontológica con la que generalmente se identifica la teoría de las Ideas, es
decir, con lo que podríamos llamar la metafísica platónica. Y aunque en el
período de vejez Platón adopta una actitud crítica con la teoría de las Ideas
no parece haberla abandonado nunca.
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