“Hay que construir la unidad nacional en torno a la defensa de la
soberanía popular, la autodeterminación nacional y la Constitución” Entrevista
realizada por Fernando Vicente Prieto a Javier Biardeau sobre la situación en
Venezuela La orden ejecutiva emitida por el gobierno de Barack Obama, que
declara en emergencia a EEUU por considerar a Venezuela una amenaza a su
seguridad nacional, ha generado preocupación en todo el continente. Sobre este
tema dialogamos con Javier Biardeau, articulista de opinión y profesor de
Estudios Latinoamericanos de la Universidad Central de Venezuela. Javier
Biardeau es conocido por sus agudos análisis de la situación del país, que
publica en diversos espacios como su blog saberescontrahegemonicos.blogspot.com
y http://www.aporrea.org/autores/javier.biardeau/. Identificado sin
ambigüedades con el campo popular, es habitual que en sus intervenciones
realice críticas a lo que considera errores o insuficiencias del proceso revolucionario.
Consultado por la situación que abre la orden ejecutiva de EEUU, Biardeau
propone analizar el tema con seriedad: “Todas estas decisiones no pueden ser
consideradas simples errores, sino que forman parte de una estrategia de
alcance más amplio, es decir, continental”. ¿Cómo analizas la orden ejecutiva
del lunes 9 de marzo en el marco que viene viviendo, desde hace tiempo ya, la
Revolución Bolivariana? Lo primero que habría que decir es que esta orden
ejecutiva (1) es, de alguna manera, un punto decisivo en una estrategia de
escalamiento por parte de los EEUU (2 ), quién se ha venido pronunciando sobre
la situación interna de Venezuela, en particular luego de las protestas
violentas del año 2014, lo que conocemos comúnmente como las “guarimbas”. Los
efectos inmediatos de las “guarimbas”, luego de su derrota, fueron
fundamentalmente utilizados a nivel mediático internacional como un pretexto
para señalar a Venezuela como un país que está violando o lesionando los
DERECHOS HUMANOS, sobre todo a partir de la detención de Leopoldo López. Sin
embargo, el Gobierno de EE.UU omite el extraordinario debate sobre el carácter
histórico, unitario e interdependiente de los derechos humanos (3 ). El lunes
16 de marzo, en un espacio de encuentro entre activistas, intelectuales,
profesionales y cultores, tratamos de analizar los antecedentes inmediatos de
esta orden ejecutiva, para comprenderla en su perspectiva histórica: la
escalada de pronunciamientos, declaraciones ( 4 ), llamados que diversos
órganos del Estado norteamericano - llámese Departamento de Estado, llámese
Casa Blanca o el Pentágonohan hecho sobre la situación interna venezolana, que
pueden ser considerados pronunciamientos injerencistas sobre los asuntos
internos del país. 2 Luego, en el contexto de la llamada “guerra económica”, -y
justamente cuando EEUU anuncia un nuevo proceso de diálogo y negociación con
Cuba ( 5 )- en diciembre tenemos una Ley del Congreso norteamericano, llamada
Ley de Defensa de los Derechos Humanos y de la Sociedad Civil en Venezuela ( 6
), que tiene como alcance fundamental sancionar a aquellos funcionarios que
están vinculados a las actividades de control y orden interno del país y que
ellos califican como acciones que lesionan los derechos humanos. Entonces, ya
en Diciembre de 2014 tenemos una señal clara de injerencia del Congreso
norteamericano, tratando de colocar en la opinión pública la tesis de que se
están sancionando funcionarios que están lesionando los derechos humanos. Pero
cuando uno analiza rigurosamente la exposición de motivos y los argumentos de
la decisión que toma el Congreso, vamos a encontrar que lo que tenemos no
sanciones individualizadas a presuntos responsables de lesionar derechos
humanos, sino toda una legitimación de hecho de una decisión de EEUU de intervenir
en los asuntos internos de Venezuela, violando los elementos claves de todo
proceso de señalamiento jurídico, como son el derecho a la defensa, el debido
proceso, la presentación de pruebas, la existencia de un Tribunal competente e
independiente del poder ejecutivo. Todo eso se descarta y se hace una acusación
a funcionarios sin haber pasado por un juicio previo, con una cantidad de
elementos procesales que cualquier democracia del mundo contempla, dentro
además de una separación de poderes, de un tribunal. Llama la atención entonces
que EEUU denuncia la debilidad institucional democrática de un país como
Venezuela, pero no le molesta que su Congreso se convierta en juez, en abogado,
en fiscal, en parte acusadora y sancionadora de presuntos hechos de lesión o
vulneración de derechos humanos en el país. Luego de esta Ley del Congreso en
Diciembre, rechazada de manera categórica por el Tribunal Supremo de Justicia
de Venezuela ( 7 ), por la Asamblea Nacional ( 8 ), por el Ejecutivo Nacional (
9 ), se pasa al escalamiento de la orden ejecutiva de la Casa Blanca. En
efecto, en Venezuela se dio una discusión política y jurídica sobre esa
decisión inicial del mes de diciembre. En febrero, la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia dictó una sentencia, un pronunciamiento jurídico,
sobre el alcance de ese tipo de sanciones, contemplando los artículos 1, 5 y
322 de la Constitución Nacional, que se refieren fundamentalmente a temas como
la integridad territorial del país, la autodeterminación nacional, la
jurisdicción nacional en materia de orden interno, la seguridad nacional, la
soberanía popular, más todo lo relativo a los Tratados y al impacto del Derecho
Público Internacional, que regula las relaciones entre los Estados. La
conclusión fundamental de esa sentencia es que esta primera decisión del
Congreso norteamericano lesiona absolutamente todo el derecho público
internacional y el ordenamiento constitucional venezolano. Luego pasamos a lo
que sería la “guinda de la torta”, con esta nueva decisión, ya no del Congreso
norteamericano, sino de la Casa Blanca, que establece una orden ejecutiva
declarando a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual” para los
EEUU, y considerando la situación nacional como una emergencia en los EEUU. Este
nuevo paso es coherente con un conjunto de decisiones que se han venido tomando
desde el año 2014 en los EEUU para intervenir en los asuntos internos de
Venezuela, 3 tomando como pretexto fundamental, primero, la supuesta
vulneración de los derechos humanos asociado este hecho a la protesta violenta
del primer semestre de 2014; en segundo lugar, en Venezuela se habría
desdibujado la separación de poderes y el ejercicio efectivo de la democracia
constitucional; y en tercer lugar, el apoyo explícito de EEUU a la protesta de
sectores de la oposición que en el año 2014, las cuales tuvieron
características de violencia de calle, justificándolas como resultado necesario
e inevitable de las malas políticas económicas. Una jornada de protesta que
dejó 43 fallecidos, una cantidad importante de lesionados, destrucción de
edificaciones públicas, profundos daños a la economía nacional, etcétera. En
todo este cuadro, EE.UU señala como único y exclusivo responsable al gobierno
venezolano, y de allí, las sanciones a funcionarios de instituciones claves que
participaron en las actuaciones para el restablecimiento del orden público.
Entonces, la matriz dominante a nivel de la opinión pública internacional
plantea que son decisiones que tienen simplemente el carácter de sanciones
sobre materia de congelamiento de bienes o visados en el seno del territorio
norteamericano a determinados funcionarios que son señalados de haber cometido
delitos en contra de los derechos humanos. Pero si analizamos en profundidad la
orden ejecutiva, conjuntamente con la Ley del Congreso de diciembre, vamos a
encontrar allí que hay un conjunto de apreciaciones y resoluciones que van
mucho más allá que la simple individualización de responsabilidades que derivan
en sanciones a funcionarios en Venezuela. Estas apreciaciones y decisiones
constituyen una clara injerencia en los asuntos internos de Venezuela. Por
ejemplo, uno de los elementos clave de la orden ejecutiva es la posibilidad
que, aplicando la ley de emergencia nacional de EEUU, y aplicando legislaciones
vinculadas al manejo del Tesoro en los EEUU, se puedan bloquear actividades
comerciales, no sólo de individuos, sino de “entidades”, de organismos y
organizaciones, si desde EE.UU se considera que tienen algún tipo de
vinculación o relación con las acciones o los funcionarios que señale
discrecionalmente la Casa Blanca. Es decir, es una manera bastante anómala de
ir construyendo, en primer lugar, condiciones de un posible bloqueo comercial,
bloqueo financiero, de afectación a la posición económica venezolana en el
plano internacional y de sus socios comerciales, en un momento bastante
particular y difícil de la situación económica en el país. En segundo lugar,
más allá del bloqueo económico, lo que la historia ha enseñado es que este tipo
de órdenes ejecutivas son acciones preliminares, pasos “necesarios” para
intervenciones y escaladas militares, no solamente sobre el país afectado sino
sobre el continente en su totalidad, es decir, sobre América Latina. Es la
primera vez que un país sudamericano es colocado ante una decisión de esta
naturaleza. Esto ya existió en el caso de Nicaragua en 1985, sabemos que
también hubo un antecedente importante en el caso de Panamá, la invasión a
Granada y que han existido otras intervenciones encubiertas y abiertas de otra
naturaleza. Pero llama la atención que el supuesto Premio Nobel de la Paz ande
en jugadas mucho más semejante al clima político-ideológico de la era
Reagan-Bush. Lo importante es que este decreto, esta orden ejecutiva, comienza
a afectar decisivamente a un país que es un emblema de lo que significó en
estos últimos 15 años 4 un giro muy radical con relación a la política
hemisférica de los EEUU hacia la región, que sigue siendo considerada aún por
ellos como “el patio trasero” ( 10). La Revolución Bolivariana, que se levantó
como un emblema de la recuperación de la independencia política nacional, de la
autodeterminación de los condicionamientos geopolíticos que el gobierno
norteamericano ha tenido sobre la región, en este momento está siendo amenazada
por una orden ejecutiva. Y esa orden ejecutiva puede ser utilizada luego como
precedente para amedrentar y presionar a países que desobedezcan, que sean
rebeldes frente a la política exterior de los EE UU. Esa sería una clara señal
en contra de gobiernos y pueblos con proyectos de contenido progresista, que
defiendan el desarrollo con justicia social, la inclusión y el ejercicio
efectivo de la democracia participativa. Ante esto, es importante sentar una
clara posición de rechazo claro, terminante, a esta orden ejecutiva del
gobierno norteamericano. Y hacer un llamado al pueblo venezolano y a diferentes
sectores para la unidad nacional en defensa de la soberanía, para la
construcción de una mayoría patriótica que levante las banderas contenidas en
la propia Constitución de Venezuela, como Estado Nacional Soberano, que exige
la necesidad de un bloque continental que no renuncia al principio de no
intervención en los asuntos internos de sus países. Para eso se requiere
justamente ir más allá de la defensa del proceso bolivariano, en clave de
partido o de gran polo patriótico, y convocar a los diferentes sectores
sociales y factores políticos de oposición que consideren que estén claros en
que esta orden ejecutiva de Washington es una avanzada muy grave, que lesiona y
amenaza la soberanía nacional del país. Se requiere crear un criterio de
demarcación claro entre aquellos factores políticos y sociales que están a
favor de una injerencia abierta o encubierta de los EEUU en los asuntos
internos del país; y aquellos factores que consideren que los asuntos internos
de Venezuela deben ser resueltos exclusivamente por los venezolanos, sin
injerencias de carácter imperialista, sin presiones amedrentadores o que
pretendan condicionar la política interna del país. A poco más de una semana de
la orden ejecutiva de Obama, ¿cuáles son los actores que estarían en cada lado?
En primer lugar, hay una declaración unánime de los países de UNASUR ( 11),
exigiendo la anulación de este decreto ejecutivo de Obama. Es una declaración que
plantea que eso es un elemento clave para crear un clima favorable a la
estabilidad política de Venezuela, un clima adecuado para las elecciones
parlamentarias. Pero ya existían declaraciones en contra de la Ley del Congreso
norteamericano en al ALBA-TCP ( 12), de la CELAC ( 13), de MNOAL ( 14), luego
serán Rusia y China frente a la orden ejecutiva de Obama. Es muy difícil
realizar elecciones parlamentarias satisfactorias para todos los actores que
intervienen en ella, y con pleno reconocimiento de los Estados latinoamericanos
y de la comunidad internacional, si tienes una gran potencia que ha tenido
históricamente un papel intervencionista e injerencista en los asuntos internos
de otros países, amenazando y amedrentando con aplicar sanciones a personas, a
entidades, a funcionarios. Además, 5 recientemente un vocero del Departamento
de estado ha señalado que los resultados electorales deben ser creíbles para
EE.UU ( 15): “This year's National Assembly elections present an opportunity
for Venezuelans to engage in legitimate, democratic discourse. And, credible election results could reduce tensions in Venezuela. We
have urged regional partners to encourage Venezuela to accept a robust
international electoral observation mission, using accepted international
standards, for those elections. Now is the time for the region to work together
to help Venezuela to work toward a democratic solution to the challenges the
country faces.” ¿Cómo
evaluar la declaración anterior del Sr. Alex Lee, Representante del Departamento
de Estado? Entonces, desde el punto de vista internacional hay un rechazo
abierto de UNASUR, un rechazo incluso más explícito y programáticamente más
contundente, con otro contenido y alcance, de los países del ALBA-TCP; y desde
el punto de vista interno ya han comenzado a plantearse voces y actores que han
tomado una posición de rechazo, de análisis crítico de esta orden ejecutiva.
Por ejemplo, el arzobispo de Caracas, el Cardenal Urosa Savino ( 16),
sorprendiendo a más de uno, declaró recientemente que esa posición de EEUU de
declarar a Venezuela como una amenaza era algo exagerado, que no tenía ningún
tipo de fundamentación, que no tenía rigor, que más bien perjudicaba la
necesidad de construir en Venezuela un clima de diálogo, un clima de deliberación
política democrática entre los diferentes actores y de estabilidad política en
la región. También otro voceros y actores políticos vinculados a la oposición,
como Henry Falcón ( 17), por ejemplo, declararon su rechazo y se deslindaron.
También Eduardo Fernández ( 18), que fue durante mucho tiempo un líder
importante del partido socialcristiano COPEI rechazó la orden ejecutiva de
Obama y consideró que era extralimitada y abusiva, que desconocía la situación
de Venezuela, en el sentido que Venezuela no constituye ningún tipo de amenaza
para EEUU. Sin embargo, los comunicados de la MUD (19) y de sectores de la
oposición radical que piden la salida inmediata de Maduro desde el discurso de
“renuncia ya” (20), se manejan entre unos desde la ambigüedad y otros desde una
aceptación abierta de una intervención de EE.UU en los asuntos internos del
país. Lo que ocurre con Venezuela es que es un objetivo para la política
exterior de EEUU porque reúne tres condiciones básicas de aquellos países que
EEUU ha sometido a intervención a lo largo de la historia. En primer lugar, es
un país con excepcional condición geográfica dentro de Sudamérica, que además
cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo, y eso -en esta coyuntura y
en este contexto- significa mucho desde el punto de vista geopolítico. En
segundo lugar, Venezuela se desprendió de lo que era la línea política de los
EEUU hacia América Latina, sobre todo a partir del año 2005, cuando se rechazó
completamente el ALCA y los Tratados de Libre Comercio sobre la región. Y eso
también ha afectado la visión que tiene EEUU de considerar a Venezuela como una
colonia dentro de su “patio trasero”. Y en tercer lugar, Venezuela ha
desarrollado procesos electorales continuos y sucesivos, prácticamente en todos
los años, en los cuales se ha demostrado el ejercicio de la voluntad de la
soberanía popular. En Venezuela hay un ejercicio continuo de la legitimidad
democrática. 6 EEUU está intentando, justamente, atrapar un problema de
emulación que se da a nivel continental y mundial, con relación a la
posibilidad de construir alternativas al neoliberalismo y al capitalismo “Made
in USA”, tratando de enfatizar tres ejes fundamentales. En primer lugar, la
soberanía sobre los propios recursos. En segundo lugar, una integración continental
no subordinada a los EEUU. Y en tercer lugar, el ejercicio de la democracia
participativa, yendo mucho mas allá de lo que para EEUU ha sido una especie de
tótem político, que la democracia sólo llega a la democracia representativa de
partidos. Entonces, EEUU está tratando de aleccionar a la Revolución
Bolivariana, de amedrentarla porque la considera un mal ejemplo para la región.
Ha tratado de utilizar el pretexto de los derechos humanos y el pretexto de la
vulneración de la democracia, para legitimar su propia política injerencista en
los asuntos internos. En términos del frente nacional, lo que considero más
relevante en este momento es que se trata de un tiempo de definiciones ( 21),
de quiénes están efectivamente con la defensa del orden constitucional y de
todos los principios, valores y normas que están establecidos: soberanía,
autodeterminación, ejercicio de la democracia participativa, resolución de
nuestros asuntos internos a través de nuestros mecanismos jurisdiccionales,
declarar a América Latina y a Venezuela como una zona de paz. Todos estos
elementos están en juego. Considero que es muy importante el deslinde entre la
defensa de estos elementos, principios, normas y valores; o asumir una postura
ambigua o claramente defensora de la interpretación que está haciendo EEUU
sobre la situación interna de Venezuela. Y ahí tenemos a los dos sectores
dominantes de la oposición que he mencionado antes: uno más ambiguo, que hizo
una declaratoria de las sanciones, que reconoció en parte que las tareas políticas
que tiene que hacer la oposición las está asumiendo el gobierno norteamericano,
y eso lo dice el propio comunicado de la MUD, que plantea que lo que están
haciendo los EEUU es un asunto que compete a la oposición, pero no lo ha hecho
suficientemente bien, por eso la orden ejecutiva: “Recibimos con aprecio y
agradecimiento el apoyo de la comunidad internacional, pero no aspiramos ni
admitimos que la comunidad internacional o alguno de sus miembros asuma deberes
que son nuestros.” Es decir, ahí hay una postura muy ambigua en relación a la
orden ejecutiva, y esa oposición tiene que clarificar cual es su criterio
final. Y está el sector vinculado a la “Guarimba” del primer semestre de 2014
de manera más abierta y explicita: Leopoldo López, Antonio Ledezma y María
Corina Machado, que señalan abiertamente que se requiere de alguna modalidad de
apoyo o injerencia externa para salir del “régimen” y de la “dictadura”, tal
como ellos la conciben e interpretan. Esta es básicamente una interpretación
que está totalmente fuera del reconocimiento del orden constitucional legal, e
incluso de lo que han sido los elementos fundamentales de integración
continental, todas las reflexiones y declaraciones que ha hecho UNASUR, CELAC,
Mercosur y el ALBA sobre la democracia. La oposición no ha tomado una clara
delimitación de la gravedad de la situación. Ellos siguen pensando que esta
orden ejecutiva implica simplemente sanciones individualizadas en Venezuela,
sin tomar en consideración que el marco que permite la fundamentación,
justificación y legitimación de estas sanciones es mucho más amplio y le deja
los brazos libres a cualquier tipo de acción o intervención en materia de
bloqueo económico o de injerencia militar sobre los asuntos en Venezuela. Dice
la MUD: “Hay que 7 distinguir entre sanciones a un país y sanciones a unas
personas, por lo que hemos sido consistentes en rechazar las medidas generales
contra una nación entera. Pero eso nada tiene que ver con las consecuencias
personales que a individuos puedan acarrear el cometer actos que violen los
Derechos Humanos o atenten contra el patrimonio público y el bienestar de sus
conciudadanos.” Llama la atención el momento político para estas medidas de
EEUU, con elecciones parlamentarias en el horizonte. Esto obliga a la oposición
a definirse en relación a la “dos bandas” que menciona Maduro, acerca de actuar
dentro de la Constitución, o fuera de la Constitución. Esto podría tener el
efecto de que no lleguen unificados todos los sectores de oposición a las
elecciones, entonces surge la pregunta sobre si hay otros elementos de orden
externo. ¿Cuál es tu análisis? ¿Por qué EEUU toma esa medida en este momento,
sabiendo que puede contribuir a legitimar a la Revolución Bolivariana? Cuesta
creer en la opción del error. En este momento hay una fuerte ofensiva
diplomática por parte de EEUU para recuperar espacios perdidos, desde hace dos
años hasta acá. Hemos visto a Biden, a Kelly, a Kerry, a Roberta Jacobson,
–estamos hablando de la Casa Blanca, del Pentágono, del Departamento de Estado-
dando declaraciones sobre la posición de EEUU de recuperación de espacios de
influencia hacia el continente en su conjunto. Es importante analizar en el
continente sudamericano la posición de los puntales geopolíticos, que son
Argentina y Brasil. EEUU está metiendo presión sobre estos países. En
Argentina, el caso Nisman fue impulsado hasta un punto morboso tratando de
utilizarlo para crear una matriz contraria al gobierno, al igual que el cao de
los Fondos “Buitre”. En el caso de Brasil, el triunfo de Dilma por estrecho
margen ha generado una situación de correlación de fuerzas muy distinta a la
que venía dándose, con un Congreso cuya composición muestra el complicado
cuadro de fuerzas para avanzar en una política progresista, con justicia social
y post-neoliberal. Entonces, hay una debilidad en la correlación de fuerzas de
los gobiernos progresistas que está permitiendo que EEUU avance con mayor
agresividad en su política, que intenta sin duda recuperar espacios debilitados
o perdidos. Es este cuadro que el horizonte no parece ser el mismo que el que
permitió en el año 2005 sacudirse el yugo del ALCA. También tenemos el caso de
la Cumbre de Seguridad Energética del Caribe, donde EEUU señaló tácitamente que
el enemigo fundamental para los países del Caribe era mantener los acuerdos de
Petro-Caribe con Venezuela ( 22). EEUU ha venido replanteando el tablero
estratégico del continente y Venezuela es un elemento clave de ese tablero.
Todas esas decisiones no pueden considerarse simples errores de política, o
escaramuzas internas de la política de enfrentamientos entre republicanos y
demócratas en los EE.UU, sino que son elementos para analizar y desentrañar una
estrategia geopolítica de mayor alcance, que tiene varias aristas, incluyendo
el proceso de negociación con Cuba. Sobre esto, mucha gente tiene expectativas,
pero uno no puede dejar de tener suspicacias de que EEUU va a desarrollar una
táctica distinta para cumplir los mismos objetivos: minar finalmente el proceso
revolucionario cubano e impedir que otros procesos en América Latina puedan
escaparse del yugo neoliberal ( 23). Tratar de alguna manera de socavar por
otros medios la situación cubana. 8 Uno de los puntos clave en la próxima
Cumbre de las Américas es que Cuba asuma gradualmente el modelo político de la
“democracia representativa de partidos” como un elemento clave para la negociación
de su situación interna (24). Si lo llevan ahí, estamos volviendo a los
orígenes de la expulsión de Cuba de la OEA, al señalar que Cuba no era una
democracia bajo los parámetros del Departamento de Estado, que era un régimen
que amenazaba, también, la situación de seguridad nacional de EEUU. En EEUU se
está dando un fuerte debate interno entre las fuerzas republicanas y demócratas
para definir cuál va a ser la estrategia de recaptura de los que ellos llaman
“el patio trasero”. Pero la meta geopolítica es compartida. Se disputan los
medios para alcanzarla. Quizás Obama, como han señalado algunos personajes en
EEUU, expuso de manera descarnada la estrategia y no fue gradual ni
incrementalista con medidas de presión sobre la dignidad y la autodeterminación
de Venezuela. En algunos medios y círculos internos de los EE.UU, lo que se le
está cuestionando a Obama es que no dividió suficientemente a América Latina
antes de proceder a aplicar este tipo de sanciones ( 25). Que tenía que agotar
todavía una estrategia de fragmentación de la unidad política sudamericana y
continental para que la estrategia tuviera eficacia. Lo que están señalando es
que ahora América Latina ha asumido una defensa continental de Venezuela. Y
esperan que esta defensa sea más bien débil y declarativa, que una articulación
continental fuerte en defensa de principios irrenunciables como la
independencia, la soberanía, la autodeterminación, la igualdad entre los
Estados, la declaración del continente como una zona de paz, libre de bases
militares extranjeras (26), la resolución pacífica de los conflictos y la
necesidad de modelos de desarrollo con justicia social, alejados de los
parámetros de los dogmas neoliberales. No hay que olvidar los antecedentes del
año 2002 hacia acá. Además del intento de golpe y el paro sabotaje petrolero en
Venezuela, luego vinieron el golpes “constitucionales” en Honduras, el “golpe
constitucional” en Paraguay, lo que han instalado como doctrina de los “golpes
constitucionales”, tanto así que en la reciente marcha en Brasil de la derecha
se escuchaba con claridad la tesis de la “intervención militar constitucional”
( 27). Esta nueva estrategia está a la orden del día en América del Sur.
Recordemos el intento de dividir también la integridad territorial de Bolivia y
presenciamos el llamado intento de asonada golpista en Ecuador. En este momento
hay una situación que implica necesariamente hacer un llamado a Nuestra América
para que analice con profundidad histórica y claridad programática, ideológica
y política, que lo que está ocurriendo en Venezuela afecta y afectará a todo el
continente latinoamericano. Y que EEEUU ha dado un paso muy grave, con un
método completamente extralimitado para intervenir en los asuntos de América
Latina y en particular en Venezuela. Respecto a esto, tenemos el caso de las
declaraciones del vicepresidente de Uruguay, diciendo que no tenía elementos
para afirmar que había injerencia. Pero además la Cancillería argentina demoró
dos días en emitir un comunicado oficial y entre tanto, la única declaración
que hizo el jefe de Gabinete fue que las medidas de EEUU no le parecían
“saludables”. Y la cancillería brasileña no hizo ningún comunicado oficial
hasta la cumbre de Unasur. Es decir, es un panorama complejo, en perspectiva… 9
Sí, yo te diría que hay que poner las barbas en remojo en el continente, porque
se ha intentado poner a arder las barbas del vecino venezolano. Cuando veas las
barbas de tu enemigo arder, pon las tuyas en remojo. Y la mejor defensa es una
ofensiva continental en defensa de la soberanía, la independencia y la
autodeterminación de Venezuela. También pienso que hay una visión continental
hacia la situación interna venezolana que debe clarificarse a breve plazo. Esto
tiene mucho que ver con que existan factores de gobierno y oposición que se
sienten con seriedad a debatir una agenda de estabilidad política para el país.
Una agenda que respete de manera muy clara que hay un cronograma de tiempos
constitucionales y electorales que no pueden saltarse “a la brava”. La
oposición venezolana aún desconoce la legitimidad electoral del Gobierno de
Maduro. Uno de los elementos más importantes para reclamarle a la oposición en
Venezuela es que hasta ahora no ha reconocido a Nicolás Maduro como Presidente
y siempre ha sembrado dudas sobre la legitimidad democrática del gobierno. Es
un hecho anómalo en la estabilidad política democrática en la región. Algunas
reservas que se han manifestado en el continente tienen que ver con el diálogo
político en Venezuela y ciertamente creo que es necesario generar todas las
condiciones favorables para el diálogo político, pero colocando sobre la mesa
un conjunto de normas, principios y valores que comprometan a los actores
nacionales a respetar absolutamente la soberanía popular y la independencia de
Venezuela ante amenazas y presiones externas. Porque se ha tratado de utilizar
estas mediaciones internacionales como factores que intervienen para favorecer
a uno u otro actores de las controversias. Mientras sea así, obviamente el
diálogo está prácticamente viciado. En el caso de Uruguay, también hay que
decir que hay un cambio electoral. Asume un sector del Frente Amplio que ya en
el pasado tuvo diferencias con Chávez, y que va a tomar distancias. Incluso el
presidente Tabaré Vázquez, en absoluto ejercicio de su soberanía, planteó estar
de acuerdo con la firma de un Tratado de Libre Comercio con EEUU (28). Después,
con Pepe Mujica, eso se echó para atrás. Entonces, también hay posicionamientos
que colocan los intereses de cada uno de los países de la región en una agenda
de política exterior frente a los EEUU. En el caso de Argentina y Brasil, creo
que lo fundamental –y se hizo viable a través del presidente y la cancillería
de Ecuador- era que hubiera un comunicado de UNASUR en el corto plazo. Era
imprescindible que no pasara mucho tiempo para no generar una situación, que
obviamente es latente, de fragilidad en algunos actores políticos para tener
una posición más firme ante los EEUU. Recordemos también que la situación
interna de Venezuela se conoce en el exterior fundamentalmente a través del
filtro de los grandes medios de comunicación, y que la opinión pública está
siendo orquestada, tanto en Brasil como en Argentina, y la imagen que tienen
es, en término de análisis de matrices de medios, tendencialmente negativa.
Entonces muchos de los actores, sin conocer in situ la situación efectiva de
Venezuela, a veces se han lanzado a declaraciones, yo diría… precipitadas sobre
la situación del país, sin tener información primaria o un contacto más cercano
a la situación real. Pero ciertamente, percibo que hay un debilitamiento de los
factores de poder que pudiesen contener con mayor firmeza y energía este tipo
de iniciativas de los EEUU. Y ese es uno de los grandes retos a mediano y largo
plazo que hay que consolidar en el 10 continente. Si no puede ser a través de
los gobiernos, tendrá que ser a través de los movimientos populares, porque tal
vez los gobiernos progresistas en América Latina han empezado a dormirse, a
quedarse rezagados en el ejercicio del poder gubernamental, sin tomar en
consideración la agenda de demandas ya aspiraciones de los movimientos
populares, que fue precisamente lo que los llevó a los lugares donde están.
Entonces hay que recuperar esos hilos y esas identificaciones de los gobiernos
con los procesos de organización popular, anti-neoliberales, de recuperación de
la soberanía nacional y del desarrollo con justicia social, para entender cómo
se están replanteando la correlación de fuerzas en este nuevo tiempo. En un
tiempo, además, donde no podemos perder de vista que hay una crisis en torno a
cómo se está resolviendo el tema energético mundial. Hay una política muy
agresiva de EEUU y Europa hacia Rusia. Tenemos un Medio Oriente convulsionado
por una intervención de naturaleza bastante inusual y extraordinaria y hay una
recomposición de fuerzas en el norte de África. Hay una suerte de invariante
histórica que señala que cuando los imperios entran en decadencia se vuelven
cada vez más agresivos y comienzan a utilizar preferentemente mecanismos
militares o de amenaza de uso de la fuerza para resolver sus propias
contradicciones. En este caso su contradicción fundamental es mantener su
posición hegemónica en el orden mundial. ¿Qué cabe esperar en cuanto a
intervención militar, no necesariamente en términos convencionales, y también
en relación al plano económico, financiero y comercial? Mira, resulta
sospechoso que justamente cuando se están dando estas condiciones de
amedrentamiento del gobierno norteamericano se visibilicen demandas en el CIADI
( 29) por políticas de “nacionalizaciones” de empresas que se hicieron en
Venezuela. También comienza una campaña para presentar a Venezuela como una
entidad que está asociada a la violación de regulaciones financieras de alcance
europeo o internacional ( 30). El tema del lavado de activos y la corrupción se
posiciona en la construcción de la agenda temática de la opinión pública. Dada
la situación interna de Venezuela, que es una combinación bastante complicada
de sabotaje económico y manejo inadecuado de aspectos claves de la políticas
macroeconómicas (fiscales, cambiarios y monetarios) para la coyuntura, la
política de EEUU puede ser meterle más presión a la línea de acción del
sabotaje económico. Presión sobre el tipo de cambio, presión sobre sectores
importadores, proveedores de materias primas, presión a la banca para intentar
que las calificadoras de riesgo coloquen a Venezuela como un país de mucho más
riesgo que el real. Es decir, como plantea explícitamente Obama, tratar de
“torcerle el brazo” al gobierno para que asuma políticas económicas favorables
a los intereses de los EEUU. Eso en el terreno económico, comercial y
financiero. Desde el punto de vista militar, es muy claro que Venezuela no
tiene ningún tipo de posibilidad de desafiar el poder militar convencional de
EEUU. De hecho, EE.UU ensaya una modalidad de guerra no convencional hacia
Venezuela desde el año 2002. Todavía hay dudas hoy sobre las verdaderas causas
de la enfermedad de Chávez. Nosotros tenemos también, un problema, denunciado
desde hace largo tiempo, que es la progresiva infiltración de paramilitares
colombianos en Venezuela, de células durmientes, que pudiesen operar junto
fuerzas especiales de otros países, o con las unidades organizativas vinculadas
a la protesta opositora venezolana, cuyas acciones en las 11 llamadas guarimbas
muestran indicadores sobre un nivel de organización, preparación y logística
que le hacen ver que no se trata de protestas ni espontáneas ni pacíficas. Son
protestas organizadas, con un entrenamiento en la confrontación de calle, con
redes de comunicación, logística, con apoyo financiero y económico que hace
sospechar que se ha dado una suerte de invasión silenciosa, para situaciones de
conflicto mucho más intensas que las que se han dado hasta ahora. Es posible
que se trate de planes de acción para situaciones de escalamiento de las
tensiones internas. Evidentemente, la guerra de esta época no es la de la
invasión de los marines en la Nicaragua de Sandino, o en la República
Dominicana con Bosch, o necesariamente un bombardeo desde un país vecino como
ocurrió en la Guatemala de Arbenz. Hay una estrategia de guerra no convencional
desde EEUU hacia Venezuela, que implica tomar en cuenta cómo han sido las
formas de intervención más recientes en el Medio Oriente y en la cuenca sur del
Mediterráneo, para no hablar de todas las “revoluciones de colores”. Injerencia
puede ser por ejemplo bloquear electrónicamente el espacio aéreo venezolano, la
intrusión en redes telemáticas, el sabotaje de unidades militares, de empresas
estratégicas, con operaciones militares encubiertas, de atentados y asesinatos
selectivos. Hay un menú bastante complejo de operaciones antes de suponer que
se trata de intervención militar convencional. No hay que esperar un cerco de
portaaviones y buques misilísticos, el sobrevuelo de aviones tripulados o no
tripulados en la fachada caribeña, atlántica o andina venezolana para hablar de
intervención militar. Podría ser en algunas hipótesis de intervención el
colocar tropas solo en puntos clave del territorio, por ejemplo para controlar
refinerías, bloquear sistemas de transporte, o bombardear puentes, represas o
locaciones estratégicas, como comunicaciones o electricidad. Yo particularmente
no conozco en detalle esta materia, pero lo que estoy seguro es que la ofensiva
sobre Venezuela es claramente una ofensiva combinada de presión económica,
diplomática y de amenaza militar, al menos de baja intensidad. Y que eso está
generando una afrenta al orden nacional. También recordemos que hay otros
asuntos paralelos que están en el ambiente, por ejemplo utilizar el tema del
narcotráfico para justificar una intervención, como sucedió en Panamá en 1989 (31).
Es un tema para encarar en el asunto en Venezuela. Desde mi punto de vista, hay
que evitar llegar a estos escenarios; y el país podría contar con cuatro
factores que lo pueden ayudar a intentar el objetivo prioritario en este
momento, que es derogar esa orden ejecutiva. En primer lugar, un escudo
geopolítico continental: lograr una integración y una unidad política férrea en
defensa de la soberanía nacional. Creo que sería importante también un llamado
abierto del Papa Francisco para crear condiciones de diálogo y a para la derogación
de la orden ejecutiva de Washington. Creo que sería importante que los sectores
religiosos defensores de la paz, los movimientos populares y los gobiernos le
hicieran un llamado al Vaticano, para que también hiciera un reclamo explícito
al gobierno norteamericano para frenar esta injerencia en los asuntos internos
de los países. En segundo lugar, creo que es importante desarrollar la
fortaleza moral del pueblo venezolano en la defensa de su dignidad nacional y
su soberanía, más allá de las adscripciones ideológicas, políticas y
partidistas de cada quien. Hay un objetivo prioritario que es la defensa de tu
Constitución y de tu país, ante una amenaza de orden internacional, en este
caso de EEUU. 12 En tercer lugar, la movilización popular. La Revolución
Bolivariana sólo ha disuadido a intervenciones de EEUU cuando ellos han
calculado que los costos de cualquier injerencia son mayores que los
beneficios, en términos del debilitamiento de la movilización popular en
Venezuela. Es decir, en la medida en que hay mayor fortaleza y acumulación de
fuerzas en los sectores populares venezolanos, es mucho más costoso
políticamente intentar una intervención. En cuarto lugar, un elemento clave del
proyecto bolivariano es el nuevo papel de las fuerzas armadas, que es la unidad
cívico militar. En América Latina se ha intentado sembrar la tesis de que hay
una militarización de la política en Venezuela. Y lo que ocurrió -que
lamentablemente no se ha comprendido adecuadamente- ha sido una transformación
radical desde el punto de vista doctrinario respecto a las concepciones
convencionales sobre el rol de las Fuerzas Armadas en América Latina, que
históricamente han sido utilizadas fundamentalmente para reprimir los procesos
de politización del movimiento popular. En el caso venezolano, hay una doctrina
de fuerte raigambre bolivariana, en la cual se señala que el rol fundamental de
las Fuerzas Armadas es defender las garantías sociales establecidas actualmente
en la Constitución (32). Que las fuerzas armadas levanten su espada para
contribuir con el desarrollo económico con justicia social en el continente. Es
decir, que los militares no se despreocupen de la situación de pobreza, de
miseria, de desigualdad, de las injusticias sociales, sino que contribuyan en
tareas para reducir la desigualdad, para construir sociedades más justas en el
continente. Y ese cambio doctrinal, ese distanciamiento radical del proyecto
bolivariano con relación a lo que ha sido históricamente el rol de las fuerzas
armadas desde las nefastas Doctrinas de Seguridad Nacional (DSN) (33) y la
Escuela para las Américas ( 34) es una revolución silenciosa, que poco se ha
estudiado como elemento de luchas contra-hegemónicas. Obviamente, este es un
camino hecho a medias, con sus propias contradicciones. Pero desde el punto de
vista programático hay un conjunto de principios, objetivos e instrumentos de
políticas que rompen completamente con la visión de EEUU y lo que fue la
Escuela para las Américas, que fue una escuela para la represión de los
procesos de politización del movimiento popular en todo el continente. Entonces
yo creo que estos cuatro elementos son factores claves para coadyuvar a
contener y derogar esta iniciativa del gobierno norteamericano para intervenir
en los asuntos de Venezuela. Si el asunto hubiera sido exclusivamente sancionar
a funcionarios, todo el marco interpretativo que fundamenta y contextualiza las
sanciones es completamente extralimitado e innecesario. El marco de
fundamentación les deja las manos libres para cualquier tipo de intervención a
los EEUU en los asuntos internos de Venezuela, que puede ser tomando como
precedente para otros países de América Latina. Me llama mucho la atención ese
doble discurso del Congreso y del Gobierno Norteamericano con relación a los
DD.HH. Pero lo más grave de esto es el marco de justificación de las sanciones,
utilizando fundamentaciones que desde mi punto de vista son falsas, o por lo
menos muy débiles y distorsionadas. La fundamentación de esta orden ejecutiva
es una extralimitación totalmente grotesca y lo que enseña no es tanto lo que
ocurre en Venezuela sino la ambición de poder de EEUU. Cuando uno analiza la
orden ejecutiva, puede ver allí cuál es la voluntad de dominio del gobierno de
EEUU hacia Venezuela, hacia el continente y hacia el orden global (35). Ellos
13 consideran que la soberanía no tiene límites ni fronteras, que la soberanía
es extraterritorial, es global. Y eso es lo que define de manera rigurosa el
carácter imperialista de una política exterior de un Estado nación. Cuando no
respeta la autodeterminación, la soberanía y los límites, los derechos y
garantías del resto de los países y los subordina como si fueran protectorados
o colonias. En este marco tan complejo, con actores y también tendencias de
diverso signo, como puede ser la necesidad de diálogo con sectores de derecha
que no están de acuerdo con la injerencia de EEUU, pero también la necesidad de
profundizar la movilización y la organización del pueblo, ¿dónde queda el
camino señalado por el presidente Maduro en torno a superar el Estado liberal
burgués y construir el Estado comunal, que es el planteo de Hugo Chávez? Desde
el punto de vista estratégico, no debería existir ningún tipo de duda o
retroceso en torno a la necesidad de profundizar el proceso bolivariano. Ahora,
desde el punto de vista táctico, desde el punto de vista del rodeo táctico, de
la maniobra política, creo que este es un excelente momento para evaluar cuáles
son las mejores condiciones para alcanzar objetivos intermedios que nos pueden
llegar a hacer alcanzar los objetivos finales. ¿Por qué te señalo esto? Porque
considero que hay tendencias en Venezuela que creen que se pueden alcanzar los
objetivos finales de la revolución socialista sin pasar por un conjunto de
mediaciones estratégicas y tácticas, que tienen que ver con las circunstancias
políticas que uno tiene que aprovechar para generar procesos reales, concretos,
de acumulación de fuerzas. Un discurso radical que desconoce la relación entre
acumulación de fuerzas y correlación de fuerzas es parte del paisaje del
ultra-izquierdismo, por demás irresponsable ( 36). Nosotros podemos estar de
acuerdo con sectores, vamos a llamarlos, radicales del “chavismo” que
consideran que cualquier maniobra pareciera que fuese en contra del proyecto de
Chávez, de su legado revolucionario y socialista ( 37). Pero creo que en este
momento hay una situación que exige tener una claridad estratégica y sin
renunciar a ella, hay que establecer un conjunto de escenarios de acumulación
de fuerzas que implican variantes de maniobras tácticas, que implican ofrecerle
a la gente a corto plazo, objetivos intermedios necesarios para alcanzar
condiciones para conquistas de carácter estratégico. Yo no creo que actualmente
haya una situación de flujo revolucionario, de oleada de entusiasmo popular,
más bien creo que hay un punto de critico detonado por la enfermedad y
fallecimiento de Chávez, que obliga a una recuperación del reflujo derivado de
la pérdida física de su principal líder político ( 38). Y esa situación está
muy influenciada y sobre-determinada por la estrategia de guerra y de sabotaje
económico, que está golpeando en sectores cuyo compromiso con la revolución
pasa mucho por la resolución inmediata de demandas y aspiraciones materiales. A
la Venezuela Bolivariana la están tratando de rendir por mecanismos de presión
económica y psicológica. Creo que este es un momento para reflexionar y para
utilizar una frase muy trillada, pero que no siempre se comprende bien, que es
hacer un “análisis concreto de la situación concreta”, que es comprender el
diagrama de las fuerzas sociales (39) en pugna en un momento específico y
entender cómo se puede modificar ese diagrama en beneficio del avance del
proyecto bolivariano. En este momento me parece muy difícil plantearle a la 14
gente como elemento movilizador exclusivo la defensa de las orientaciones
anticapitalistas del proyecto bolivariano. Las tareas de la transición
post-neoliberal y post-capitalista no implican automáticamente las tareas
socialistas inmediatas. Este es un momento fundamental para consolidar una
“unidad antiimperialista” (40) y por otro lado generar condiciones políticas
favorables para que el gobierno pueda tener al frente interlocutores de la
oposición válidos para construir una agenda política mínima común, que permita mejorar
las condiciones económicas, sociales y estabilizar la situación política del
país a corto plazo. Aquí hay riesgos de variada naturaleza, desde el más crudo
oportunismo de derecha, hasta el más irresponsable sectarismo de
ultra-izquierda. Si no se logra entender la planificación de situaciones, y el
avance en condiciones objetivas y subjetivas, creo que no podrá plantearse con
éxito objetivos de mayor envergadura, de mayor alcance. Creo que nosotros hemos
tenido muchos prejuicios para plantear este tipo de temas en la actualidad de
la Revolución Bolivariana, porque creemos que plantearlos significa
necesariamente algo así como renunciar al legado revolucionario de Chávez. Creo
que lo que hay que mantener es un compromiso sobre las estrategias y los objetivos
finales de este proyecto, pero también hay que tener un análisis muy riguroso
sobre las condiciones objetivas y subjetivas que hacen posible llegar a ese
propósito. Y a veces pecamos por exceso de voluntarismo o por defecto de
voluntarismo. Pensar que es imposible, que hay que renunciar al proyecto de
Chávez y que hay que convertir al proceso en una suerte de
social-democratización de la Revolución Bolivariana. Volver a la tesis de
administrar una suerte de capitalismo nacional autónomo con inclusión social (41).
O por otro lado, otros sectores plantean lo urgente de un salto revolucionario
sin tener en consideración la acumulación de fuerzas necesarias para abordar
las exigentes tareas de reconstrucción productiva nacional, de modificación de
las relaciones de producción, de construcción de otra sociedad, sin considerar
las graves deficiencias, vulnerabilidades y rezagos en el mundo económico
productivo del país, el carácter rentista, atrasado y atrofiado de nuestra
estructura económica y social. En muchos discursos todavía aparece el viejo
guion de “O reforma o revolución” (42). Tenemos que decirlo claramente:
Venezuela es un país rico desde el punto de vista rentista, pero desde el punto
de vista productivo es un país muy pobre, con una estructura productiva muy
precaria, heterogénea, de baja productividad. Tenemos que producir esa
mediación entre el país rico rentista y el país rico productivo generando
desarrollo económico con justicia social, fortaleciendo el poder popular. Ese
eslabón no ha podido labrarse adecuadamente, modificando además la correlación
de fuerzas políticas y generando, eso sí, efectivamente, como una de las
palancas de ese desarrollo con justicia social al poder popular, a la economía
comunal, al sistema de economía social como un elemento clave de esa nueva
economía productiva. Este es un tema de largas discusiones, que tiene otro
alcance, pero creo que puede ser un momento también para analizar que no
podemos virar hacia la social-democratización de la revolución, pero tampoco para
suponer que Venezuela está a dos pasos y medio de conquistar el pleno
socialismo, incluso para algunos el salto al comunismo del siglo XXI. Más bien
lo que tenemos son todos los retos y todos los dramas y las exigencias de un
proceso de transición, primero post-neoliberal y después post-capitalista, los
retos del desarrollo humano integral, de reinventar el socialismo desde abajo,
con democracia 15 participativa y protagónica, en las condiciones de un país
extractivista, dependiente, todavía subdesarrollado en lo productivo, en lo
agroindustrial, por ejemplo. Particularmente yo soy partidario de la utopía
concreta y del sueño revolucionario anticapitalista, pero creo el momento exige
astucia, no temeridad, en términos de estrategia y táctica a la hora de
analizar bajo qué condiciones es posible construir las mediaciones
político-estratégicas para alcanzar ese proyecto, ese horizonte. Eso se ve en
la Revolución Bolivariana en este momento: la posibilidad de que haya
tendencias y de hecho las hay, que dividen y confunden el campo bolivariano
entre sectores que aparecen como más moderados e incluso algunos como
entreguistas y negociadores y sectores más radicales, más principistas, que
están anclados en la fidelidad al legado revolucionario de Chávez. Este es el
momento de re, re-politizar, re-agrupar, unificar y generar un debate político
en profundidad y con altura sobre la encrucijada que se está viviendo
actualmente en el país y colocar, eso sí, un método de discusión, reflexión,
debate y contribución que en vez de agriar el clima lo que hace es enriquecerlo
y fecundarlo para encontrar salidas y contribuir a apoyar al gobierno ante la
amenaza imperialista (43). Creo que el gobierno de Nicolás Maduro no sólo
heredó la potencia simbólica del legado de Chávez, sino que también se está
enfrentando a circunstancias y desafíos inéditos, incluso de cambios de
correlaciones de fuerzas internacionales que implican que tenga que maniobrar
con mucha mayor prudencia frente al escenario internacional. Para cerrar, te diría
que hay que apoyar críticamente al gobierno y que la crítica sea concebida
fundamentalmente como un necesario elemento para proponer alternativas a
quienes tienen que tomar decisiones. Pero la crítica no puede ser el pretexto
para deslegitimar o contribuir a deslegitimar al gobierno bolivariano, así sea
de manera colateral o muy tangencial. Uno tiene que ser muy responsable en
estos momentos. El hecho mismo de la amenaza de EEUU genera un buen momento
para discutir no sólo la dimensión política del compromiso con el proceso
bolivariano, sino también la dimensión ética, la responsabilidad de lo que uno
está haciendo, poniendo cada granito de arena en cada lugar para mejorar la
correlación de fuerzas en favor del proyecto bolivariano. Eso sí, sin desconocer
que la reflexión crítica, las propuestas, las alternativas, son importantes
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