La Tolerancia consiste en aceptar y respetar las diferencias mutuas a incluso hacer de ellas una vía de crecimiento y evolución personal.
Pero cabría preguntarse ¿qué es la tolerancia? En general, es la capacidad de aceptar que otras personas piensen y vivan de manera diferente a la nuestra. A pesar de que a muchos nos puede parecer bastante obvio, la realidad nos dice sin embargo que no es algo tan común, ya que bajo el impulso de nuestro ego, pero también de nuestra educación, nuestra cultura y nuestra experiencia, tendemos a creer que nuestras ideas, opiniones y creencias son mejores y más justas que las de los demás. Esto genera muchas veces malentendidos y conflictos que, en casos extremos, pueden llevar a los individuos a peleas, luchas e incluso a matarse los unos a los otros. La intolerancia es así una de las principales causas de violencia, en todas sus formas de expresión.
Entre las áreas en las que la intolerancia ejerce los mayores estragos se encuentran la política y la religión. No es casualidad que la mayoría de las guerras que han marcado la historia de la humanidad fueran causadas por diferencias políticas o religiosas. Si esto es así, es porque cada uno tiene sus propias creencias en ambas áreas, que tienden a ser excesivamente dogmáticas, cuando no sectarias y excluyentes. También es porque tienen una gran influencia en la vida económica y social y por tanto no dejan indiferente a nadie. Sin embargo, ningún partido político tiene el monopolio de la verdad, como ninguna religión tiene el monopolio de la fe. Por lo tanto, hay que saber ser tolerante y ver en las ideas de los demás una oportunidad de poner las nuestras en tela de juicio.
En este punto es necesario, sin embargo, realizar una advertencia: ser tolerante no significa tolerarlo todo. De hecho, hay comportamientos y palabras que no son aceptables bajo ninguna circunstancia; me estoy refiriendo a los que en general violan la dignidad humana o van contra la ética más elemental: el racismo, el sexismo, la xenofobia, la homofobia, etc. Mostrar tolerancia hacia estos comportamientos no es una muestra de sabiduría, sino de debilidad. Debemos no sólo no aceptarlos, sino oponernos a ellos con firmeza cuando sea necesario. No hacerlo sería darlos por buenos, banalizarlos e incluso normalizarlos.
Tradicionalmente, la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz tiene como divisa: “La mayor tolerancia dentro de la más estricta independencia”. Bajo este lema, es tolerante y enormemente respetuosa con todos los movimientos filosóficos, religiosos, culturales, políticos o de cualquier otro tipo, a condición, por supuesto, de que estos movimientos no atenten contra la dignidad humana a través de su ideales, enseñanzas, doctrinas o prácticas. Además, la Orden Rosacruz (AMORC) no tiene obligaciones ni está en deuda con ninguno de ellos, lo que le permite seguir su propio camino y tener una membresía de hombres y mujeres de todas las nacionalidades, de todas las religiones y de todas las clases sociales. Así, con un espíritu libre, tolerante e independiente, la AMORC continúa con su labor de perpetuar y expandir la filosofía rosacruz, es decir, una filosofía espiritual no dogmática ni religiosa, que pretende conducir al ser humano hacia su verdadera esencia a través del antiguo sendero del “Conócete a ti mismo”.
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