Hoy más que nunca, necesitamos de la utopía para crear un futuro mejor.
Desde hace algún tiempo, volvemos a oír hablar con cierta frecuencia
del concepto de “utopía”, por lo general como respuesta a las difíciles
circunstancias sociales que estamos atravesando y a la desesperación que en
algunos momentos reina en el ambiente. Ya sea en el ámbito político, religioso,
económico, etc., la palabra “utopía” vuelve a estar en boca de todos, y aunque
es posible que finalmente este hecho sea algo puramente anecdótico, por lo
menos tiene el mérito de poner en los medios de comunicación una noción que
había desaparecido de nuestras mentes y, sin embargo, es esperanzadora en
sí misma.
En la mayoría de las obras de referencia, la
palabra “utopía” se define como: “una sociedad ideal pero
imaginaria, según la concibe y describe un autor determinado” o
como “un proyecto social cuya realización es imposible”. A través de
los siglos, muchos filósofos y pensadores imaginaban utopías y describían la
sociedad ideal que concebían en sus mentes. Entre estos autores podemos
destacar particularmente a Homero, Plutarco, Ovidio, Virgilio, San Agustín, Platón,
Tomás Moro, Campanella, Rabelais, Joan Valentin Andreae, Francis Bacon, John
Harrington, Voltaire, Charles Fourier, Aldous Huxley y muchos otros, pues el
concepto de utopía es algo que está siempre presente y vivo en la mente del ser
humano.
Ya que una utopía generalmente se refiere a una sociedad ideal cuya
realización es imposible a priori, uno podría preguntarse si hay algo útil y
práctico en este concepto. De hecho, todo depende de su contenido: si los
principios en los que se basa son verdaderamente humanistas y realmente se
dirigen al logro de la felicidad de todos, entonces se convierte en un vector
de esperanza y cultiva la idea de que es posible crear un mundo mejor, al que
sin duda aspiran todos los seres humanos, de forma más o menos consciente. Si
además, se anima a todos a intentar alcanzar la perfección en el plano
individual, o por lo menos ser mejor en el aspecto humano, cada uno según su
propio camino personal, ayuda también en la elevación de las conciencias, que
debe ser el objetivo de todo proyecto social.
En última instancia, el valor de una utopía radica más en los nobles
ideales que conlleva que en el hecho de si es posible o no alcanzarla, lo que
hizo decir a Platón: “La utopía es la forma ideal de sociedad. Tal vez sea imposible
de lograr en la Tierra, pero es en lo que un sabio debe poner todas sus
esperanzas”. Yo añadiría que una utopía sólo puede ser válida si trata de hacer
felices a los seres humanos con ellos, y
no a pesar de ellos, como ocurre en algunos regímenes políticos.
En el año 2001 la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz publicó un
manifiesto titulado “Positio Fraternitatis Rosae Crucis”, en el que sus
dirigentes expresaron su preocupación por el estado del mundo, no sin dar
algunas bases de reflexión para mejorarlo y hacerlo más humanista. El
manifiesto concluye con un texto llamado Utopía Rosacruz que todo el mundo puede leer en la página oficial de la
Orden y que además puede ser descargado gratuitamente desde numerosas
plataformas digitales. Si no lo habéis hecho todavía, os invito a que lo
leáis. Es posible que la palabra “utopía” pueda renacer con fuerza en nuestra conciencia
y alcanzar una nueva dimensión.
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