viernes, 19 de febrero de 2016

Hoy más que nunca, necesitamos de la utopía para crear un futuro mejor.
Desde hace algún tiempo, volvemos a oír hablar con cierta frecuencia del concepto de “utopía”, por lo general como respuesta a las difíciles circunstancias sociales que estamos atravesando y a la desesperación que en algunos momentos reina en el ambiente. Ya sea en el ámbito político, religioso, económico, etc., la palabra “utopía” vuelve a estar en boca de todos, y aunque es posible que finalmente este hecho sea algo puramente anecdótico, por lo menos tiene el mérito de poner en los medios de comunicación una noción que había desaparecido de nuestras mentes y, sin embargo, es esperanzadora en sí misma.
En la mayoría de las obras de referencia, la palabra “utopía” se define como: “una sociedad ideal pero imaginaria, según la concibe y describe un autor determinado” o como “un proyecto social cuya realización es imposible”. A través de los siglos, muchos filósofos y pensadores imaginaban utopías y describían la sociedad ideal que concebían en sus mentes. Entre estos autores podemos destacar particularmente a Homero, Plutarco, Ovidio, Virgilio, San Agustín, Platón, Tomás Moro, Campanella, Rabelais, Joan Valentin Andreae, Francis Bacon, John Harrington, Voltaire, Charles Fourier, Aldous Huxley y muchos otros, pues el concepto de utopía es algo que está siempre presente y vivo en la mente del ser humano.
Ya que una utopía generalmente se refiere a una sociedad ideal cuya realización es imposible a priori, uno podría preguntarse si hay algo útil y práctico en este concepto. De hecho, todo depende de su contenido: si los principios en los que se basa son verdaderamente humanistas y realmente se dirigen al logro de la felicidad de todos, entonces se convierte en un vector de esperanza y cultiva la idea de que es posible crear un mundo mejor, al que sin duda aspiran todos los seres humanos, de forma más o menos consciente. Si además, se anima a todos a intentar alcanzar la perfección en el plano individual, o por lo menos ser mejor en el aspecto humano, cada uno según su propio camino personal, ayuda también en la elevación de las conciencias, que debe ser el objetivo de todo proyecto social.
En última instancia, el valor de una utopía radica más en los nobles ideales que conlleva que en el hecho de si es posible o no alcanzarla, lo que hizo decir a Platón: “La utopía es la forma ideal de sociedad. Tal vez sea imposible de lograr en la Tierra, pero es en lo que un sabio debe poner todas sus esperanzas”. Yo añadiría que una utopía sólo puede ser válida si trata de hacer felices a los  seres humanos con ellos, y no a pesar de ellos, como ocurre en algunos regímenes políticos.
En el año 2001 la Antigua y Mística Orden de la Rosa-Cruz publicó un manifiesto titulado “Positio Fraternitatis Rosae Crucis”, en el que sus dirigentes expresaron su preocupación por el estado del mundo, no sin dar algunas bases de reflexión para mejorarlo y hacerlo más humanista. El manifiesto concluye con un texto llamado Utopía Rosacruz que todo el mundo puede leer en la página oficial de la Orden y que además puede ser descargado gratuitamente desde numerosas plataformas digitales. Si no lo habéis hecho todavía, os invito a que lo leáis. Es posible que la palabra “utopía” pueda renacer con fuerza en nuestra conciencia y alcanzar una nueva dimensión.


No hay comentarios:

Publicar un comentario