viernes, 19 de febrero de 2016

EXTRACTO DEL LIBRO
DE  JONATHAN SHELL
“EL DESTINO DE LA TIERRA”
“El primer principio de la vida en el nuevo mundo sería el respeto de los seres humanos, nacidos o por nacer, en un amor común a la vida y en la amenaza que hacen pesar sobre nosotros nuestras propias fuerza e instintos de destructores. Este respeto se plasmaría  en la gratitud experimentada por todas las generaciones hacia sus antepasados por haberla permitido existir. Cada generación  debería  considerarse como una delegación del reino de los muertos y de los hombres por nacer, encargada de representarlos en la Tierra.
Los seres vivos deberían contemplar el don de la vida al igual que los diputados y todos los hombres políticos consideran su elección, es decir;  como una señal de confianza temporal  que debe ser utilizada para el bien común.
Un segundo principio de la vida en el mundo colectivo sería el respeto a la Tierra. Se trata tan solo de la puesta en práctica del principio ecológico según el cual el medio terrestre no constituye únicamente un entorno más o menos agradable en que vivir, sino el fundamento de la vida humana y de otras vidas. Ya hemos comprendido que la Tierra forma un todo único  que permite existir a la vida. Hoy en día, a pesar del vigor empleado por los hombres de estado para afirmar la “soberanía” de sus naciones, en realidad todos están presos en redes cada vez más espesas de la vida en su conjunto, donde la supervivencia de cada país depende la supervivencia  de todos.  No existe ningún derecho “soberano” que autorice a destruir la creación terrestre de la que depende la supervivencia de todos (aunque las grandes potencias pretendan justamente poseer tal derecho).
El tercer principio sería el respeto a DIOS o a la Naturaleza, o a cualquier otro nombre con el que queramos designar  el Polvo Celeste que está en nuestro origen. Debemos mantener el pensamiento de que no hemos sido creados solos, ni como especie, ni como individuos. Ahora ya somos capaces de exterminar a todos los seres humanos y de agotar la fuente de todos los hombres futuros, pero ni siquiera sabemos crear un solo ser humano y todavía menos la condición terrestre que permita la condición del hombre y de otras formas de vida.

Nuestro modesto papel no es crear al hombre, sino simplemente no destruirlo. Adoptar otra solución sería someterse a la nada eterna y absoluta: una nada donde ya no subsistiera  ni nación, ni sociedad ni ideología, ni civilización donde naciera un niño; donde nunca más reapareciera un  ser sobre la Tierra y donde nadie estaría allí para recordar que el hombre existió un día. 

1 comentario:

  1. en la toma de juicio, el ser humano lorará el proposito, el cual se encuentra ejerciendo una misión que le llevra a su dvina esencia, el contrariar los principios fundamentales del amor, solo tenda que repetir todo nuevamente hasta estar preparado, para su reintegración.

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