EXTRACTO DEL LIBRO
DE JONATHAN SHELL
“EL DESTINO DE LA TIERRA”
“El primer principio de la vida en el nuevo mundo sería el respeto de
los seres humanos, nacidos o por nacer, en un amor común a la vida y en la
amenaza que hacen pesar sobre nosotros nuestras propias fuerza e instintos de
destructores. Este respeto se plasmaría
en la gratitud experimentada por todas las generaciones hacia sus
antepasados por haberla permitido existir. Cada generación debería
considerarse como una delegación del reino de los muertos y de los
hombres por nacer, encargada de representarlos en la Tierra.
Los seres vivos deberían contemplar el don de la vida al igual que los
diputados y todos los hombres políticos consideran su elección, es decir; como una señal de confianza temporal que debe ser utilizada para el bien común.
Un segundo principio de la vida en el mundo colectivo sería el respeto
a la Tierra. Se trata tan solo de la puesta en práctica del principio ecológico
según el cual el medio terrestre no constituye únicamente un entorno más o
menos agradable en que vivir, sino el fundamento de la vida humana y de otras
vidas. Ya hemos comprendido que la Tierra forma un todo único que permite existir a la vida. Hoy en día, a
pesar del vigor empleado por los hombres de estado para afirmar la “soberanía”
de sus naciones, en realidad todos están presos en redes cada vez más espesas
de la vida en su conjunto, donde la supervivencia de cada país depende la
supervivencia de todos. No existe ningún derecho “soberano” que autorice
a destruir la creación terrestre de la que depende la supervivencia de todos
(aunque las grandes potencias pretendan justamente poseer tal derecho).
El tercer principio sería el respeto a DIOS o a la Naturaleza, o a
cualquier otro nombre con el que queramos designar el Polvo Celeste que está en nuestro origen.
Debemos mantener el pensamiento de que no hemos sido creados solos, ni como
especie, ni como individuos. Ahora ya somos capaces de exterminar a todos los
seres humanos y de agotar la fuente de todos los hombres futuros, pero ni
siquiera sabemos crear un solo ser humano y todavía menos la condición
terrestre que permita la condición del hombre y de otras formas de vida.
Nuestro modesto papel no es crear al hombre, sino simplemente no
destruirlo. Adoptar otra solución sería someterse a la nada eterna y absoluta:
una nada donde ya no subsistiera ni
nación, ni sociedad ni ideología, ni civilización donde naciera un niño; donde
nunca más reapareciera un ser sobre la
Tierra y donde nadie estaría allí para recordar que el hombre existió un día.
en la toma de juicio, el ser humano lorará el proposito, el cual se encuentra ejerciendo una misión que le llevra a su dvina esencia, el contrariar los principios fundamentales del amor, solo tenda que repetir todo nuevamente hasta estar preparado, para su reintegración.
ResponderEliminar